Peccatorum - Elin Libertad
¿Y si aquello que consideramos pecado dependiera únicamente de quién tiene el poder para decidirlo? ¿Y si las normas que rigen nuestra vida no fueran más que una forma de controlar nuestros deseos, nuestras decisiones y, en definitiva, nuestra libertad?
Peccatorum, de Elin Libertad, es una novela de ficción que nos presenta un mundo muy particular, en el que el romance, el erotismo y los secretos se combinan con reflexiones bastante más profundas sobre la sociedad, las desigualdades, la religión y el control de las personas. Una historia que, además de entretener, consigue que nos cuestionemos algunas de las ideas que damos por sentadas.
La protagonista es Ramla, hija del pater Massimo, el líder indiscutible dentro de los pater de las islas. Estos cargos otorgan a sus representantes un enorme poder sobre la población, en un territorio donde la Iglesia ejerce un control férreo sobre los habitantes y, especialmente, sobre sus deseos y comportamientos.
En estas islas, sus habitantes llevan instalado un dispositivo conocido como IPAS, cuya función es mantener anulado el apetito sexual. De esta manera, el control sobre los deseos más íntimos de las personas forma parte de la propia estructura social. Sin embargo, esta no es la única desigualdad que encontramos. Existe una enorme diferencia entre los derechos de hombres y mujeres, ya que ellas prácticamente carecen de autonomía y de acceso al conocimiento. Su papel queda reducido a servir a los hombres, preparar el té y ocuparse de las tareas domésticas y del campo, mientras que son ellos quienes toman las decisiones y determinan cómo debe organizarse la sociedad.
Ramla está prometida a José y, tanto él como su padre, le encomiendan una misión bastante complicada: conducir un camión hasta la península para llevar el mensaje de los Bendecidos. Pero allí las circunstancias son completamente diferentes. La península no está sometida al poder de los pater, sino que pertenece a los liberados, un grupo cuya forma de entender la vida parece encontrarse en el extremo opuesto. En su territorio, el pecado está presente en muchas de las decisiones que se toman y el placer ocupa un lugar muy diferente al que tiene en las islas.
Este contraste entre ambos territorios resulta fundamental para comprender el universo que ha creado la autora. Por un lado, encontramos una sociedad donde los deseos están reprimidos y las normas religiosas determinan prácticamente todos los aspectos de la vida. Por otro, un lugar donde la libertad parece tener un significado completamente distinto y donde las personas pueden vivir de acuerdo con otros principios.
Sin embargo, las cosas no siempre salen como estaban previstas y Ramla acaba encontrándose en una situación complicada. Sus opciones pasan por terminar en prisión o convertirse en una torum. Estas personas tienen el IPAS desactivado permanentemente y trabajan para los liberados, proporcionando el placer que se les requiere en cada momento.
Este cambio supone un giro importante en la vida de Ramla, que tendrá que adaptarse a una realidad muy diferente de aquella en la que ha crecido. Lo que hasta entonces conocía como normas inamovibles comienza a ponerse en cuestión y tendrá que enfrentarse a situaciones que probablemente nunca habría imaginado.
En este nuevo escenario aparecerá Erin, otro torum que trabaja en la seguridad del Presidente. Entre ambos se irá desarrollando una conexión especial, aunque no todo será tan sencillo como podría parecer. Los secretos y las circunstancias personales de cada uno tendrán mucho peso en su relación, añadiendo una dimensión romántica a una trama que ya cuenta con numerosos conflictos.
Me ha gustado cómo esta parte de la historia introduce el componente sentimental y erótico sin dejar de lado las cuestiones más importantes que plantea la novela. Los personajes tienen que desenvolverse en un entorno donde las normas, las expectativas y las relaciones de poder condicionan sus decisiones, por lo que sus sentimientos no siempre pueden expresarse con la libertad que desearían.
Pero todavía hay un tercer grupo que complica más las cosas: los antiguos. Se trata de una organización misteriosa de la que apenas se conocen detalles, cuyos integrantes se mueven en las sombras y parecen estar enfrentados a algunas de las decisiones de los liberados. Sus acciones, entre ellas varios atentados, añaden nuevas incógnitas a la historia y hacen que nos preguntemos quiénes son realmente, qué buscan y cuáles son sus verdaderas intenciones.
Uno de los aspectos que más me ha hecho reflexionar durante la lectura es precisamente la existencia de estos diferentes grupos y la manera en la que se enfrentan entre sí. A primera vista, podría parecer sencillo identificar quiénes son los buenos y quiénes los malos, dependiendo del lugar desde el que observemos los acontecimientos. Sin embargo, la novela nos invita a ir un poco más allá y a no quedarnos únicamente con las etiquetas.
Y es que no todas las personas pertenecientes a un mismo grupo tienen por qué compartir los mismos valores o actuar de la misma manera. Podemos encontrar personas con buenas intenciones y otras capaces de cometer auténticas atrocidades en cualquier sociedad, independientemente de las creencias o normas que la rijan. Las decisiones individuales tienen un peso enorme y no siempre pueden justificarse por la pertenencia a una determinada comunidad.
Esta reflexión me parece especialmente interesante porque nos lleva a cuestionar los prejuicios y la facilidad con la que tendemos a clasificar a los demás. También nos hace pensar en cómo el poder puede utilizarse para imponer una determinada visión del mundo y en lo complicado que resulta distinguir entre libertad, control y abuso cuando las normas están tan arraigadas en una sociedad.
En definitiva, Peccatorum me ha parecido una propuesta de ficción muy interesante, con un universo diferente y una trama que combina romance, erotismo, secretos y conflictos entre distintos grupos. Aunque cuenta con elementos que hacen que la lectura resulte entretenida, también ofrece bastantes cuestiones sobre las que detenerse y reflexionar.
Elin Libertad nos presenta una sociedad en la que la religión, el poder y el control de los deseos determinan la vida de sus habitantes, pero también nos recuerda que las personas somos mucho más complejas que las etiquetas que nos asignan. No todo es blanco o negro y, en muchas ocasiones, las verdaderas intenciones de quienes nos rodean solo se descubren cuando conocemos sus decisiones y sus actos.
Una lectura que recomiendo a quienes disfrutan de la ficción con mundos originales, romance, erotismo y trasfondo social, especialmente si les gustan las historias que, además de entretener, les hacen cuestionarse algunas ideas y mirar la realidad desde diferentes perspectivas.

Comentarios
Publicar un comentario